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| Las incógnitas
del Cosmos, su inmensidad, tonos y formas que se funden con LA GRAN
ENERGIA de la que parten todas las formas de vida conocidas y las desconocidas
aún por descubrir. Ese poquito más que los genios, los
escogidos, ven a través del Tercer Ojo: porque resulta imposible,
demasiado para ojos y cerebro, asimilar la genialidad si no interviene
la mente. Eso y más fue lo que sentí cuando observaba
la obra pictórica de LUIS CAÑIZARES: ensimismamiento,
necesidad de soñar lo aun por soñar y ¡ una inmensa
sensación de hambre! Junto con la necesidad de saciarme de tanta
belleza y grandeza, fundido todo ello en cada obra, en cada cuadro.
Filosofía, historia que empuja como el feto destinado a nacer, mantras cantados que flotan en planos más allá de cualquier idea de religión, vida que engulle vida y muerte para fundirse con las leyes del Cosmos para hacerse eterna y, hasta ciencia que se explica para ser entendida por la mente, vi y sentí mientras me embriagaba en silencio frente a la obra de LUIS CAÑIZARES, sintiendo cómo el mayor de los egoísmos sanos se apoderaba de mí, haciendo en silencio, todo mío. No, jamás resultó fácil escribir sobre la obra de quienes se adelantaron a su tiempo. De quienes magistralmente supieron fundir en su obra ternura, futuros destinados a ser presentes, formas que insinúan historias a registrar, mundos lejanos aunque cercanos, para ser descubiertos, habitados y compartidos; sencillez de Dioses que la es precisamente porque nace de la grandiosidad y, en definitiva, maestría de formas y de tonos que se hace en mi mente océano inmenso donde parte la vida por decisión del Cosmos. Sí, debo de confesar que a estas alturas de vida, cuando pocas cosas me interesan, me he vuelto a enamorar de la obra de LUIS CAÑIZARES, de cuanto veo en ella y de cuanto adivino en ella. De su magia. Del mensaje que esta latente sobre cada pincelada que se hizo obra pictórica para deleite de vivos y de muertos destinados a retornar a la VIDA, para la mismísima vida desposada de la muerte, que es, en definitiva, ¡vida eterna!, como lo es, vida eterna, la obra magistral de este exquisito ser humano e inmenso maestro de la pintura universal, LUIS CAÑIZARES. Me encontré solo, perdido. Así siento cada cuadro de CAÑIZARES: La soledad como el lienzo solo, como solos los pinceles, como la pintura sola, como la vida sola frente a la genialidad capaz de juntar soledades todas en su propia soledad y llevarlas todas de la mano seleccionadas-sentenciadas a formar parte de la inmensidad de una y otra obra para la eternidad. Gracias, maestro, por tu obra y …recuerda : Nada acaba si ha empezado… El camino es el verdadero cuando se hace al andar. Roberto Ibiricu Coto |
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