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| “EL SILENCIO
DEL YO”
El hada de la creación que mora en la buhardilla de la mente tiende a esfumarse a veces si nos acercamos demasiado a lo divino, el sueño aun por soñar, a traspasar el horizonte de la esencia que vive en lo aun no creado, a la raíz de la obra destinada a ser mensaje ya sea de amor, rebeldía o denuncia. Y el nombre de la luz va mas allá del titulo, incluso de lo que los ojos ven., o creen ver en la escultura con llamas que pretender alcanzar el cielo...¡Ah, si ...! El hada muere cuando el mensaje se transmite a si mismo, cuando la belleza se une con el mensaje, cuando los ojos se humedecen reconociendo la intención del autor-escultor en este libro lleno de arquitectura-escultura poética ilumina el olimpo donde moran todos los dioses de la creación. La vida que el admirador suponía se llevaba allí, en el alma que pretende entender lo que ve, derivase de una fuente del saber tan diferente del momento anterior a la experiencia anterior al modelaje de ideas e intenciones, que no hubiera podido pensar jamás en cuanto al creador Luis CAÑIZARES pensó mientras sus manos recitaban el poema que plasmó en este libro magistral lleno de palpitos que, aún yo que desde hace muchos años, demasiados años analizo y estudio el resultado de sus obras... ¡ Trabajo, talento enamorados entre sí en la profundidad del silencio del yo...! De ese silencio de donde parten, porque así nacen, las sinfonías de las hadas y del Yo donde se alimenta el eflujo de la propiedad e inmensidad de la mente ! En otras palabras, la realidad del cosmos y todos sus secretos que el misterio de la creación del todo deposita en la mente de cada cual junto a todas las respuestas a buscar y a descubrir. Ha viajado, una y otra vez, por todos los vericuetos del cosmos de su mente para aproximarse a su espiritualidad, para vivir de cerca, íntimamente, su misticismo. Tuvo así la ocasión para mantener largas conversaciones, con su Yo más intimo, y soplar cada una de las esculturas, para darles vida y mensaje, tal y como se puede ver y adivinar en una de sus ultimas “Alianza”, que ensalza un bellísimo espacio en Leganés.- Madrid; en la que se ve la intención de aunar en paz y amor todas las civilizaciones en un abrazo de esperanza para este mundo falto de amistad y de respeto humano. O, en el ultimo proyecto presentado en Naciones Unidas en cuya majestuosidad aúna el estrechón de manos que dejan en penumbra enfrentamientos, guerras y odios que amenazan la paz que soñaron todos los Dioses de todas las creaciones, diseñadores del amor que añoró este mundo maltratado y que agoniza en silencio por culpa de tantos. O, la colección de esculturas que tituló “ Las Pléyades “, entre las que flotan los deseos de la niñez esclavizada, la ancianidad abandonada, los abusos a los desamparados y el envenenamiento de las razones de tanto y de tantos que mueren poco a poco sin que los ciegos, sordos y mudos sientan, vean y escuchen. O, “ Españopólis “, trilogía de esculturas como quien abre las puertas de todas las habitaciones de su corazón para dejar descansar al caminante de buena fé , cansado, sin preguntarle de donde viene o adonde va,, por que siente que la buena voluntad, venga de donde venga, o vaya a donde vaya lleva consigo la energía esencial que el mundo precisa para seguir siendo “ mundo “. Y, tantas y tantas esculturas como mensajes que en este escrito no habría espacio para descifrar cada una de ellas, aunque todas y cada una, sea dueña de diferentes historias perfectamente explicables y comprensibles . Alguien dijo un día ( Terpy Ibir ) : la Divinidad, como las buenas intenciones está en nosotros, y nosotros, todos, estamos en la Divinidad. Podemos ser ciegos, porque a menudo nos impedimos ver e insensibles por que a veces en nuestro interior, no importa como lo llamemos aunque no seamos capaces de verlo con los ojos físicos, ni sentirla cuando no ponemos ese poco mas de nuestra parte. Solo cuando nos permitimos analizar y sentir experimentamos su luz que deja ver y no ciega. Esto ocurre en el microcosmos del arte cuando lo miramos. Podemos ver, incluso mas que adivinar, si nos permitimos sentir la luz- divinidad de todas las intenciones que encierra la realidad de su microcosmos, la causa efecto de la consecuencia del Yo mas intimo del maestro- creador, el mensaje preso en la inmensidad del espejo del alma al que, nos miramos tan solo con desearlo. ¡ Permítete ser y serás. Permítete ver, y veras... !. Permítete adivinar las intenciones del maestro-escultor y sentirás como las historias se hacen palabra comprensible en el interior de tu mente. Y saborearas los síntomas de todas las bellezas, porque estas lo son por sí mismas mas allá de las preferencias de lo que cualquiera tenga como traducción a “belleza”. El Yin y el Yan dice : Existe lo bello porque precisamente existe lo feo. Yo razono : Existe lo bello precisamente porque existe la belleza y, existe lo feo simplemente porque no nos permitimos ver o adivinar la parte bella y positiva en aquello que nos negamos a ver de verdad, o a analizar desde la imparcialidad y la buena voluntad. Al fín, memoria ni perdida ni travestida, caminar en compañía de sus hallazgos y sus equivocaciones, todo antes de falsearse o falsear lo que no se entiende. No tener que exiliar lo que no se entiende a primera vista, o asesinar que esos fueran los caminos de cuantos pretendieron romper moldes, poner luz donde los ingratos lo habían oscurecido todo, donde la esclavitud y el abuso lo podían todo. Ignoramos los silencios, las censuras, crueldades inimaginables, enterramos cadáveres que aun no lo son, a los ditirambos espúreos, o a los colores artificiales con falso destino a ser “asimilables” porque sí. Todo se esquilma, todo se deforma tal y como hace el falso profeta : la palabra, la libertad del creador, la libertad y la buena fé; así como la memoria, el tiempo, la sonrisa y, hasta la lágrima. Esto es “ El silencio del Yo”. Es Luis Cañizares. Es éste preciso instante escultor que siempre comienza, que lo hace con cada intención que se convierte en escultura, y que solo acaba cuando la obra ya tiene vida propia. Un pintor que desea obsesionadamente que no muera la historia que plasma y, no por ego personal sino para que su intención perdure como lo hace el amor cuando este es real, un poeta-contador de sensaciones llenas de vida que desea compartir, quien no duerme por que cuando lo hace solo planea nuevas formas e historias, un viajero infatigable por caminos que hace al andar, un músico porque su obra tiene tonos además de imágenes, un obrero del arte y de la belleza que no quiere para sí, sino para repartir y compartir con todo lo vivo de este mundo en el que vivimos y morimos todos, aun entendiendo que nada vive ni muere como lo entienden muchos. Pocas veces se ha visto en
las historias de las artes que, triunfase la facción “revolucionaria”-creativa-mensajera,
tanto los que destacan como los que no destacan, tanto, no hayas pasado
por todas las consecuencias de la “derrota”. Y que. Como
sucede en el mundo-cielo de la creación artística los
que fueron denominados detractores por abrir nuevos caminos y romper
moldes no sintieran en “El silencio del Yo” la causa efecto
de las publicaciones que pretenden entenderlo todo deformando para
que parezca que solo unos pocos elegidos, lo entienden; sin haber
otorgado el beneplácito a la obra redentora de la mente donde
todo nace y nada muere, sea la razón de la belleza y de la
intención del primer usufructo del patrimonio a titulo de albaceas
vitalicios del caudal común de lo bello a cuantos miran, escuchan
y ven contenidos celestiales, que son a fin de cuentas las realidades
del arte que no tiene dueño realmente, porque pertenece a la
mismísima vida sentenciada a vivir mas allá del que
la tocó vivir en tiempos que ya nadie quiere recordar.
Composición del sentir
razonado y sentido que, fraguó la escultura llena de vida,
que conmueve por el mensaje que denuncia la crueldad de la prostitución
infantil, aunque todas las demás, todas y cada una de ellas,
guardan en su estructura consideraciones que están destinadas
a no pasar desapercibidas jamás. Roberto Ibiricu Coto
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